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Historia de Abuso que Conmociona a Uruguay

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Historia de Abuso que Conmociona a Uruguay

“El vecino de la esquina, el padre de mi amiga, me manosea”, le dijo una nena de diez años a su tía. Y antes de que esa tía y su marido pudieran reaccionar, la chica les dijo: “Tengo unos videos grabados”. Y se los mostró. Ocurrió en Artigas, una ciudad del norte de Uruguay, justo en la frontera con Brasil, a unos 600 kilómetros de Montevideo. La nena había sido abusada durante un año por el padre de una amiga de su misma edad, a cuya casa -en la misma cuadra que la suya- iba habitualmente a jugar y a escuchar música. Cuando la hija del abusador notó lo que ocurría -habitualmente su papá la mandaba al almacén y aprovechaba esos momentos para tocar los genitales de su víctima-, le dijo a su amiga que sabía lo que pasaba y que, por miedo a su papá y para que les creyeran, debían grabarlo. “Debería avergonzarnos a todos, porque la propia víctima, una pequeña de tan solo 10 años, se sometió voluntariamente al abuso para obtener una prueba para que los adultos creyéramos en ella”, escribió la fiscal uruguaya Mariela Núñez en el comunicado oficial que emitió. “La mamá de la nena conocía a los padres de la amiguita. Conocía bastante a la madre, que estaba trabajando en los momentos en los que ocurrían estos hechos. Nunca imaginó que ese hombre tenía estas inclinaciones”, dijo a un medio el tío de la víctima, esposo de la mujer que la nena eligió para contar los abusos que padecía, y uno de los primeros en ver las imágenes que las nenas registraron con la llamada “Ceibalita”, computadora portátil que el Estado uruguayo da a los estudiantes. Por esos hechos, el hombre de 62 años cuyas iniciales son J.C.S.B. fue imputado y permanece detenido, bajo el cargo de reiterados delitos de atentado violento al pudor agravados por la edad de la víctima. Podrían caberle de dos a seis años de cárcel, según el Código Penal uruguayo. Su esposa y su hijo mayor de edad en un principio fueron detenidos, pero después se los liberó ya que no había elementos que demostraran “que estaban en conocimiento de los hechos”. En el comunicado, la fiscal Núñez expresó: “Esta acción tan valiente de una niñita abusada debería servir no solo para que se haga justicia, sino para que toda la sociedad tome conciencia de que estas cosas pasan con más frecuencia de la que creemos y que los niños no mienten, no inventan”. Según estadísticas del Instituto Nacional del Niño y Adolescente de Uruguay, el 20% de los delitos intrafamiliares de 2016 fueron casos de abuso sexual a niños, y tres de cada cuatro víctimas fueron nenas. El 93% de los agresores son familiares directos o parte del grupo habitual de convivencia de esos menores. El hecho, ocurrido a fines de septiembre, se conoció en nuestro país ayer. “Es un rasgo de salud que la hija del abusador haya ideado esta estrategia para resolver un problema de por sí terrible. Probablemente ella también vivió situaciones semejantes, por eso de inmediato empatiza y se identifica con su amiga”, explicó el médico psiquiatra y psicoanalista Pedro Horvat. Según su visión, “la respuesta de minimización o descrédito de parte de los adultos cuando un chico plantea una situación de abuso es muy frecuente, sea porque el adulto que recibe esa información también está sometido al abusador, o porque se cuestiona un rol familiar en apariencia inamovible, como cuando se dice ‘¿Cómo vas a creer eso del abuelo?’, o porque ese relato produce una angustia tan grande que deriva en la negación”. Para Horvat, el hecho de que ambas nenas hayan esperado a un próximo abuso para grabarlo “muestra la impotencia de esas nenas ante la sensación de que no les iban a creer, y a la vez, de que la imagen parece ser el lenguaje más cierto de todos”.

Fue con ese video que el padre de la víctima radicó la denuncia. “Hablamos con el padre, que es un hombre muy sensato, y cuando le mostramos el video quedó desesperado. Dijo ‘Tengo dos opciones, o lo mato o lo denuncio’. Ojalá que esto sirva para que la gente denuncie, que se anime”, dijo el tío de la víctima, y contó: “Estamos tratando de que no tenga acceso a Internet y que no escuche información sobre su tema, para no hacerla revivir lo que le pasó”.

(Fuente: Clarín)

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Javier Botto

Lic. en Dirección y gestión de OSC, Comunicador Social, Psicologo Social.

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