CFK exhibe la unidad como prueba de liderazgo

La ex presidenta promete borrón y cuenta nueva, y le da el abrazo de oso a Axel Kicillof. El pliego de condiciones del gobernador bonaerense. La amenaza de la confirmación de la Corte Suprema de la condena en la causa Vialidad.

La guerra fría terminó. Cristina Fernández de Kirchner levantó el teléfono, convocó a Axel Kicillof y, después de seis meses de teléfono descompuesto y fuego amigo, comenzó el proceso de deshielo. Predominó la lógica de la supervivencia: con el PRO y La Libertad Avanza jugando juntos en la Provincia de Buenos Aires, romper no era una opción. Para ninguno de los dos. CFK necesita proteger el pago chico, bastión del núcleo K, y el gobernador no puede arriesgarse a sufrir una derrota brutal si pretende sostener la fantasía presidencial en 2027.

“Hay que hacer delete de todo lo que pasó y olvidarlo. Hay que tener poca memoria”, explican desde el Instituto Patria, en modo zen. Casi como si dijeran “tábula rasa”. Con un gesto, CFK definió enterrar el último año de internismo furioso con el kicillofismo por la conducción del panperonismo, y le abrió la puerta a algo que el gobernador siempre le pidió, pero que ella nunca quiso dar: una mesa para sentarse a negociar como iguales. Y si no era como iguales –como se apresuran en señalar en el cristinismo– al menos como dos líderes que representan espacios de peso en el peronismo bonaerense.

El resultado de esa conversación, que duró dos horas y se desarrolló el jueves por la noche, fue un compromiso para buscar un esquema de trabajo que permitiera firmar la unidad. El título que se eligió fue la creación de una comisión integrada por intendentes y referentes de los tres espacios –CFK, Kicillof y Sergio Massa– que funcione como comando electoral. El objetivo es establecer una mesa común que habilite vasos comunicantes entre los tres sectores de modo de poder organizar una campaña que, se preveé, será difícil y caótica.

Cada sección electoral será un mundo. En la Tercera, la más populosa, CFK tendrá la lapicera, al ser quien encabece la lista. Pero el objetivo de la mesa de trabajo es establecer un sistema de compensaciones que evite que alguno de los sectores pegue el portazo.

No será una tarea fácil, y en el kicillofismo anticipan, a modo de advertencia, que la unidad aún no está garantizada. El gobernador bonaerense, que viene de lanzar su espacio Movimiento al Futuro, se reunirá, el lunes, con los más de 40 intendentes que integran su espacio para definir qué hacer. Hay varios, como Mario Secco (Ensenada) o Fabián Cagliardi (Berisso), que amenazan con lanzar candidaturas testimoniales a modo de desafío a La Cámpora. La bronca y el resentimiento persisten entre varios de los jefes comunales y Kicillof, cuyo músculo político se sostiene gracias al apoyo de más de la mitad de los intendentes peronistas, necesita coordinar internamente antes de tomar cualquier decisión.